B.Q.T.C.
- Pérez & Navarro
- 7 oct 2018
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 17 oct 2018
Era un blanco muy intenso. Intenso y profundo. Parecía un abismo dispuesto a engullirte en su absoluta blancura. No había ninguna mancha en la superficie, por lo que ese color quedaba camuflado en su propia intensidad. La chapa metálica, cuyo color acaparaba toda mi atención en ese momento, se extendía a ambos lados en una sutil curva que me ponía enfermo. Bajaba por ese pegajoso mar de leche y terminaba en un borde suave junto al neumático. Ese tono tan blanco era casi absurdo. Solo de pensar en alguien conduciendo esa gran mole luminosa me daban ganas de vomitar.
Por eso cogí el extremo de mis llaves y dibujé sobre la pintura de la máquina una bella línea plateada.
Por Fernando Navarro Gontán.
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